Entre capas propias y vínculos puentes vamos descubriendo nuestras texturas, necesidades y vulnerabilidades a través de nuestro cuerpo macizo.
Cuánto misterio habita en el placer y cuánto placer habita en aquello desconocido, no hay vinculo sin transformación, ni hay transformación sin miedo, es así como vamos creando una configuración intelectualmente aceptable para nosotros mismos.
De manera cíclica vamos creciendo, entre idas y vueltas pero siempre evolucionando.
Enraizamos nuestros propio pulso y valor.